Por: Iván Cigarroa
-Cuando a Residente se le ocurrió separarse de su hermano y disolver Calle 13, éste viajó por el mundo para llenarse de música nueva, escribir canciones y grabarla donde se pudiera. El resultado fue un disco lleno de sonidos del mundo que fue grabando conforme viajaba. Bueno, pues esa idea se le ocurrió primero a Manu Chao y le generó más y mejores resultados.
Aunque aún es muy rápido para hablar del efecto e influencia del disco de Residente, el de Manu ya reposó en el tiempo y a 25 años de su obra cumbre debut, Clandestino, sigue siendo un disco que a pesar de contar con el apoyo de cantidad de músicos locales y su estudio portatil, a pesar del éxito apabullante y las constantes giras de promoción, aglutina un dolor por demás histórico.
Se trata de la pobreza extrema en los países que recorrió. Residente no solo no retrató el pesar del mundo, se centró en su propia vida. Manu Chao, y con esto detengo las comparaciones porque a partir de aquí ya no son necesarias, caminó por los barrios más pobres, platicó con la gente y como si fuera un candidato a algún cargo público, convivió con ellos y vivió sus carencias a flor de piel. Esto le dio suficientes elementos para retratarlos en 16 canciones que aunque no necesariamente son personales, se volvieron himno de toda una generación que cantó con su folk minimalista hasta apropiárselas por completo.
Si bien, como dije arriba, el común denominador musical es el folk minimalista -una guitarra acústica que casi siempre suena igual en todas sus canciones-, pero con algunos beats electrónicos y muchos sampleos que hacen de esta, una producción barroca que a 25 años de su lanzamiento, sigue sonando fresco en sonido y vigente en sus protestas.
Porque correr es mi destino por no llevar papel es un canto al dolor de dejar tu propia tierra, de dejar de pertenecer a algo, y todavía más triste, de huir de algo. Miles de migrantes buscan mejor calidad de vida año con año, y la cantidad aumenta día con día. Manu lo documenta en varias canciones. Habla de los secuestros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), de las desapariciones, de la violencia armada, de los indigentes. De todo aquello que el rock anglo no suele hablar. Y no se adelantó a su tiempo, aprovechó ser parte de una generación donde la protesta era habitual, así como para la actual es hablar de sexo y sexualidades, Manu Chao o Rage Against The Machine pusieron el dedo en la llaga de la sociedad. Y claro, de la política.
Piezas como Desaparecido, El Viento, Día Luna... Día Pena, La Despedida, Welcome To Tijuana, Lágrimas De Oro, Bongo Bong o su versión en francés, Je ne t'aime plus, y la mismísica Clandestino, no son los mejores ejemplos de cómo debe sonar un disco cuando un artista se vuelve solista: son las mejores canciones que Manu Chao ha compuesto y grabado en toda su vida con un profundo contexto social que además permeó en toda una generación.
Han pasado 25 años y para ser acorde con sus principios libertarios, el parisino José Manuel Arturo Tomás Chao Ortega no quiere saber nada de la industria. Ahora toca en las calles, afuera del metro, en los barrios. Ya no le interesa tocar ante grandes masas ni en eventos gubernamentales o privados. No es como los punks que escuchan Exploited y se quejan del sistema, pero te piden dinero para sus monas o cervezas. No como Residente que cobra carísimo para presentarse en un festival y lanza canciones de vez en cuando hablando de lo mismo. No. Esta actitud de renunciar a la industria, sin más, es ser verdaderamente punk. Discazo.
Manu Chao - Clandestino
Because Music / 1998
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