Por: Alvaro Fong Varela
-Es una verdad: Cristian Castro es un verdadero rockero. Es un tipo que realmente está interesado en romper esquemas y siempre hace lo que se le pega la gana. A veces con buenos resultados, a veces no.
En este nuevo disco de La Esfinge, su banda heavy metalera, se atreve a ir más allá, y logra momentos interesantes, aunque creo que necesita más práctica en esto del rock, por aquello de estar metido tanto en las baladas. Aun así, hay algo que sí tiene La Esfinge: credibilidad.
Lo que nos presenta la banda en esta ocasión es un intento de mezclar el heavy metal con influencias góticas, dando como resultado un sonido con aproximaciones a bandas como Septicflesh, pues Cristian Castro se atreve a cantar gutural y meten pasajes con beats ultra machacantes de batería. Obvio, nunca se deja de lado el estilo clásico del cantante, a quien una vez Juan Gabriel dijo que era “la voz más bonita de México”, y eso se traduce en muy buenos momentos donde contrastan su melódica voz y un buen trabajo de los músicos argentinos que lo acompañan: Alan Fritzler en la guitarra, Guido Barilari en el bajo, Chowy Fernández en la otra guitarra y Alejandro Graf en los teclados.
Algo que me da preocupación y tranquilidad al mismo tiempo es la poca promoción que le están dando a un proyecto como éste. Es extraño, pero parece que a Cristian Castro le diera pena decir que tiene una banda de heavy metal, porque seguramente sus seguidores en el género pop, amantes de baladas como No Podrás o Vuélveme a Querer, no serán capaces de comprender esta faceta. Pero por otro lado, tengo la impresión de que Castro se quiere manejar de otra manera con La Esfinge, tratándose de ganar el respeto a la manera rockera, a base de conciertos y conquistando una ciudad a la vez.
Grabado en Londres, Los Angeles y Buenos Aires, La Cruel Cantora se posiciona como uno de los discos a seguir de 2023 en el género del metal latino. Tiene muchas diferentes influencias, como el power metal de Grand Prix Fórmula 1; la ambición de Malfarium, una canción épica que recuerda al más etéreo Queensrÿche y que dura más de 7 minutos y con un solo de guitarra muy sensual; el death metal de Príncipes Siniestros, algo que considero muy atrevido para Cristian, pero ¿para qué son los límites sino para romperlos?; o lo acústico de Las Consecuencias y su acercamiento a bandas como Amorphis o Therion.
No sé si es el estéreo de mi auto, pero me sucede que cuando pongo este álbum ahí, me cuesta trabajo escuchar bien la voz de Cristian Castro. He intentado hacerlo con diferentes ecualizaciones, pero sigo escuchando todos los instrumentos en primer plano y la voz debajo de ellos, cuando debería ser al revés. Ya lo decía Eddie Van Halen, que cuando se haga una mezcla, se deberían poner todos los instrumentos en todos los canales para asegurar que se escuchen bien. Lo curioso es que si oigo el disco con audífonos se percibe correctamente.
Cristian Castro es tan inteligente que puede hacer lo que desee y nosotros creerle. Podría mañana sacar un espectáculo de payasos e iríamos a verlo porque es un gran intérprete. Sino pregúntenle a los argentinos por qué cuando lo entrevistan por allá les habla en su tono y nadie lo cuestiona.
¡Vamos Cristian, dale promoción a este disco! El mundo merece saber de él.
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