Tal como todos ya sabemos (y si no, aquí les informo: éste 2023 cumplió 30 años un disco clásico llamado El amor después del amor suceso que se festejó con una gira, con una serie en Netflix y con la sorpresa de que les imprimió a sus canciones un nuevo sonido y nuevas colaboraciones.
Así que vamos a comenzar por la portada; misma que consiste en un retrato del artista en Blanco y negro, contrariamente a su anterior material del 92 que es a todo color. De esta manera es que se representa el pasar del tiempo, poniendo en contexto la madurez del músico.
Entramos en un viaje a una dimensión paralela con este EADDA9223. Es un viaje con emociones y sensibilidad, con una percepción de Páez en las puertas de su madurez, una vez más, se concentra en desafiar al tiempo, con un resultado que es muy afinado con una nueva fórmula.
Así es como podemos decir esas viejas frases de que “el diablo sabe más por viejo que por diablo”. De esta manera es como los temas dejan de parecerse a lo que eran, haciendo patente que se les dio otro matiz.
Con una gran muestra, está el track que da título a ambos materiales. Mientras que El amor después del amor de 1992 irradia euforia total, en esta nueva versión ralentizada, lo que te contagia es paz, con ese mismo sentimiento de emoción que deja, cargado de libertad.
Ya entrando a las nuevas versiones y las nuevas colaboraciones Lali, Nicki Nicole son la voz invitada a Dos Días en la Vida, que con esa batería y ese armónico piano regalan un track lleno de emoción.
En una especie de recital, llega Nathy Peluso, dando vida a Verónica con ese juego de voces entre Páez con ella que proporciona un destello sonoro de todos los instrumentos, al igual que la voz de Elvis Costello en Tráfico por Katmandú. Como escucha, jamás te esperabas algo así para este track, por lo que es un cambio total y una fiesta en el tráfico.
Ni hablar de lo que hizo Chico Buarque con Pétalo de sal, puedo afirmar que es el segundo himno, y escuchar su voz es como si le diera vida a cada frase. Se te enchina la piel a escuchar esta nueva versión.
Se trata de un sonido nuevo pero que no deja de perder ese tinte melancólico en la voz de Mon Laferte, luego esa balada de Sasha, Sissi y el Círculo de baba, es simplemente como si la madurez musical llegara y superara tus expectativas.
Un clásico dedicado a un gran amor, acústica donde va creciendo, Un vestido y un amor con esos cantos y coros de Marisa Monte, ligada con otro gran clásico: Tumbas de la gloria, básicamente, le vuelve a imprimir esa sensación de querer aire.
El amor después del amor fue vanguardia en la tendencia en esos viejos tiempos del 92, eso lo puede afirmar Andrés Calamaro, quien, como dato curioso, es el único invitado que colabora en ambas producciones, haciendo sus mismas líneas en La rueda mágica, con la ayuda de Conociendo Rusia.
Considero que es una nueva alimentación a lo que uno puede creer sin saber qué es, pero hay que creer. Es la nueva esencia del poder creer, si de algo estamos conscientes es de que no podemos dejar de pensar en el trabajo de Mercedes Sosa, Detrás del Muro de los Lamentos, pero Antonio Carmona y Estrella Morente se plantan y nos dan un track a la altura de la circunstancia. Si se contextualiza en esta época.
Un notable fue la convocatoria para con Wos y Ca7riel que son los encargados del arrebato rabioso de ok rock con rimas de furia en La balada de Donna Helena, para que no digan que no hay furia y que no hay rock.
Con un pequeño toque de sutileza llega Brillante sobre el Mic con la ayuda de un personaje polémico: la cantante Ángela Aguilar que solo da matices y armonía muy buena nueva versión.
Una vez que termino de escuchar A rodar mi vida, que cuenta con las participaciones de David Lebón y Leiva, es claro que Páez lo vuelve hacer: su finalidad es provocar emoción, en cada track con unas magníficas colaboraciones que le dan un nuevo sentido a cada track para generar un nuevo clásico, solo queda decir:
Donde hubo astucia y coraje, que es un gran sentimiento, ese que llamamos amor.
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