Por: Iván Cigarroa
Si algo hay que reconocer a La Gusana Ciega es su consistencia con los años: son de las pocas bandas surgidas en los 90 que siguen grabando discos y no se enfocan en revivir viejas glorias con giras y conciertos, y tras un periodo de 4 años finalmente lanzan 1021 su décimo álbum de estudio.
Hay diferencias notables qué no se puede negar: la salida del guitarrista Jorge Vilchis desde hace algunos años ha provocado qué La Gusana Ciega explore nuevos sonidos, pero principalmente privilegiando los teclados como una herramienta base en todas sus canciones. Este recurso lo usaron también en su anterior álbum, Borregos En La Niebla.
En ese sentido 1021 tiene una inclinación por los teclados. En casi todos los temas le dan un aire distinto a la banda, misma que ya no basa sus canciones en los riffs y solos de guitarra, dando un aire mucho más pop a su sonido, pero sin dejar de sonar a rock.
Está tendencia no es nueva, se hacía a finales de los años 70 y durante toda la década de los 80, bandas como Queen, The Cars, Yes y hasta Van Halen dieron entrada a este instrumento como un nuevo recurso que permitía dar más profundidad a sus canciones y La Gusana Ciega repite esa fórmula de forma brillante.
1021 incluye 10 canciones que empiezan con esa proliferación del teclado que mencione; cortes cómo Dulce Y Amargo, Vuelve A Querer y Empezar De Cero tienen ese perfil; pero otros como La Sombra De Un Ratón, Araña De Escalón y El Último En Caer tienen un corte más rockero. La única colaboración en todo el disco pertenece a Líah Alonso en el tema Se Nos Rompió.
Sin duda La Gusana Ciega brilla por su constancia y se percibe que no van a quedarse en una época o con solo unos cuantos éxitos, la banda busca generar más y si en algún momento con ello logran llenar recintos más grandes, entonces todo el trabajo que han hecho desde hace 25 años ha valido la pena.
La Gusana Ciega - 1021
Independiente / 2022
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