Por Israel Téllez Alcántara
-Se viven tiempos bizarros. Solo basta mirar alrededor y darse cuenta hacia dónde se mueve un mundo paradójicamente en decadencia comparado con las facilidades que hoy en día brinda la tecnología. Fragilidad. Permea la piel delgada para hablar y abordar muchos temas, con el pretexto de la banderas con causa.
Pero siempre hay algunos oasis. Y en esta época de censura social, lo mejor es tratar de encontrar esos huecos en los que no hay manera de que se rebusquen argumentos para criticar cosas mínimas.
Ya lo dijo el escritor británico Rudyard Kipling, al referirse a esa batalla que muchos libramos para que nuestra propia especie no nos abrume: “Si (el ser humano) lo intenta, se sentirá solo a menudo y, a veces, asustado. Pero ningún precio es demasiado alto para pagar el privilegio de ser nosotros mismos”.
Eso es precisamente lo que sirvió de inspiración para Black Flame Eternal, el tercer álbum de estudio Cloak, que se estrenó el pasado 26 de mayo. O al menos eso es lo que dice Scott Taysom, el líder de esta agrupación originaria de Atlanta que junto a bandas como Uada, ha reivindicado el black metal estadounidense.
“Es una declaración de empoderamiento espiritual en todos los sentidos. Por primera vez, queremos que la gente se aferre a este sentimiento, en lugar de mantenerlo completamente personal”, enfatiza Taysom y lanza la moneda al aire: “Nuestro objetivo es la liberación espiritual completa, que es donde existe el verdadero poder y la libertad”.
Esto puede sonar bastante pretencioso y si es o no cierto, ya depende de cómo se lo tome quien escuche y digiera el disco. La única verdad es que la música es poder y un vehículo muy efectivo para transmitir emociones y en eso Black Flame Eternal cumple a secas.
La tanda luciferina se abre con Ethereal Fire, una canción que retoma la propuesta sonora que la banda ofreció hace cuatro años con The Burning Dawn, el álbum que los puso bajo el reflector en la escena black mundial, un tema que funciona de manera precisa como puente entre ése disco y este Black Flame Eternal.
La fórmula es simple: no se compromete el sonido, simplemente se actualiza e incluso se mejora; se adapta al concepto de las letras, pero no se adultera. Esto es algo que pocas bandas comprenden, el caso más sólido lo muestran los griegos Rotting Christ y al parecer Cloak comienza a aplicar tal premisa.
Un punto que resalta es el trabajo en la guitarras logrado por el propio Scott Taysom y Max Brigham, quienes reproducen de forma precisa ese sonido a veces angustiante y nada atascado que oscila entre el black escandinavo y el “greek sound signature”, algo que se aprecia muy bien en canciones como Ethereal Fire, Invictus y The Holy Dark.
Habrá quien piense que esas tonalidades que marcan a este opus nocturno no son tan intensas y que tampoco son del back convencional, pues se cargan más hacia el dark metal; de hecho puede haber algún menosprecio por la facción más “true” ya que se perciben algunos pasaje ambientales que redondean el aura oscura del álbum no de la forma que a muchos les gustaría.
Pero si se toma en cuenta que el black metal es, por mucho, el estilo de metal más variado, atrevido e incluso diverso, el resultado es bueno sin llegar a lo impresionante; no obstante, en este punto aparece el gran pero de Black Flame Eternal: el álbum parece contradictorio.
¿A qué nos referimos? A que el concepto habla de la renuncia al asfixio de la pertenencia colectiva a cambio de la libertad individual; sin embargo, musicalmente hablando, el disco ofrece algunos temas en los que parece que la banda en turno no es Cloak, sino el Dimmu Borgir de principios de los 90, o el Satyricon de los albores del segundo milenio.
El que avisa no traiciona y si hay escepticismo, basta escuchar temas Seven Thunders, cuya melodía está plagada de guiños al Enthroned Darkness Triumphant de los Dimmu hasta en los pasajes atmosféricos.
Otro caso similar es With Fury and Allegiance, que parece un crossover de Fuel for Hatred con Reptile. Y aquí hay dos escenarios, o Taysom y compañía lo hicieron a posta en homenaje a esas influencia, o de plano no pueden conseguir, al menos en lo musical, esa libertad individual que exponen en el concepto de Black Flame Eternal.
Por el contrario, hay temas que suenan bastante personales como Shadowlands o Eye of the Abyss, con una rítmica mucho más melancólica y oscura que refieren más a ese sonido con el que Cloak atrapó almas podridas por doquier hace ya cuatro años.
En el caso de la última, los cambios de ritmo son notables y resaltan aún más por los elementos de transición de los cuales la banda echó mano: beats tranquilos y hasta pegajosos que se desprenden de la batería de Sean Bruneau, que son rotos de manera súbita por las guitarras.
El tema que bautiza al disco cierra las hostilidades, una canción que desde la perspectiva de quien esto escribe, resume en poco más de seis minutos todo lo que este álbum ofrece musicalmente hablando: desde los sonidos propios hasta esas reminiscencias a las bandas noruegas.
¿Decepcionante? Sí, en cierta medida, aunque la moneda está en el aire y Black Flame Eternal puede tratarse de un álbum transitorio hacia algo mucho mejor que su predecesor.
¿Buen disco, entonces? No, aunque tampoco es malo. La sensación es que se quedó corto. Faltaron temas con más punch hechos desde la libertad individual de Cloak en el universo black. Irónico, porque la banda intentaba todo lo contrario
Cloak lack Flame Eternal - Black Flame Eternal
Season of Mist / 2023
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