- Inspirados por el que quizá es el clan más longevo y poderoso de las Tierras Altas de Escocia, los Campbell –hasta me emocioné-, el quinteto australiano Ne Obliviscaris vuelve a los reflectores luego de un sexenio de mutismo, en el que la pandemia los obligó, al igual que muchas otras bandas a detener cuanto proyecto estaba en puerta.
Y por si esta agrupación, originaria de Melbourne, no estuviese lo suficientemente llena de simbolismo, su acuarto trabajo titulado Exul –palabra en latín que significa exilio- no es la excepción y hay toda una historia detrás de la concepción de este álbum que, en teoría, debió estar listo a finales de 2020.
Tras el gran recibimiento que tuvo Urn, su anterior lanzamiento, y luego de las consecuentes giras maratónicas alrededor del mundo, Xen –aka Marc Campbell- preparó todo lo necesario para que la brecha temporal entre ése y un nuevo disco no fuese tan prolongada; de esta manera, tras el proceso de composición, las cosas estaban listas para dar inicio con las grabaciones.
El primero en turno fue el baterista Daniel Presland… y ahí fue donde las cosas se pusieron turbias, puesto que el destino cruel y despiadado –aunque tal vez generoso con el simbolismo que le fascina a Ne Obliviscaris-, quiso que el banderazo de salida fuera en marzo de 2020, días antes de que el mundo fuese obligado a un confinamiento que muchos pensaron, sólo sería de unos días.
Pero todo se prolongó y todos terminamos en un exilio involuntario en nuestros hogares –aunque aquí hubo muchos tarados que iban por la vida como si nada sucediera, alentados por un imbécil aún mayor que, en las mañanas, los conminaba a salir de su casa, protegidos por la buena vibra y las estampitas.
Exilio. No había mejor manera de llamar a este álbum. Xen lo vislumbró a la perfección y pese a todas las dificultades que se le presentaron en el camino, convirtió las limitaciones en oportunidades.
Con fronteras cerradas y los miembros de la banda desperdigados alrededor del mundo, sin un estudio de grabación en el que todos pudiesen converger para dar vida al disco, los miembros de Ne Obliviscaris se dieron el lujo de pulir lo que ya estaba listo, incluso reescribieron algunas canciones, modificaron algunos arreglos para dar mayor intensidad al disco y el resultado es excepcional.
Fieles a su nombre de batalla, el lema del Clan Campbell que significa “No Olvides”, los australianos no miran hacia otro lado y mantienen esa línea mostrada desde 2012, cuando asaltaron la escena musical vía Portal of I, su álbum debut en el que mostraron un impresionante death metal progresivo.
Lo mantienen. De hecho lo llevan más lejos con sonidos mucho más dramáticos e intensos que envuelven al escucha en una especie de montaña rusa de sensaciones que van desde la desesperación, la ira y la calma… que antecede nuevamente a la tempestad. ¿Un disco cíclico en cuanto a música? Quizá, al final la vida se rige por eso, por los ciclos de los ciclos. Amén.
Equus da inicio al recital de himnos kilométricos –el que avisa no traiciona- con los golpes certeros de Daniel Presland en la recreación de una atmósfera sombría ¿de qué otra forma podría ser si con la grabación de la batería comenzaron las penurias que concluyeron tres años después?
Las guitarras de Benjamin Baret y Matthew Klavins rompen la solemnidad e inician el viaje astral cuyo caos se rompe con el melancólico violín ejecutado por Tim Charles, segundos antes de que él mismo irrumpa con un perturbador verso: “Our fields alight, is this a dream? Glowing inferno” (Nuestros campos encendidos, ¿es un sueño? Infierno brillante), una clara descripción de lo que se vivía en todo el mundo hace ya tres años.
En ese momento, el bajista Martino Garattoni se pone bajo el reflector, acciona las cuerdas graves y trae de vuelta el vendaval de sonidos extremos esta vez con las voces guturales de Xen para completar el rompecabezas de una imagen sónica –si cabe el término- en la que la belleza de los opuestos, del contaste, es el común denominador.
Esta es la canción más destacada del disco. La más completa y en la que podría resumirse el sonido y la madurez de esta banda, una composición redonda en la que los cambios de velocidad, atmósferas, riffs, blast beats, etc. demuestran el por qué Ne Obliviscaris ya es el mayor referente del metal extremo progresivo… por encima de Opeth, aunque a muchos les duela.
El viaje continúa con Misericorde I – As the Flesh Falls, en la misma línea que la obertura del disco, pero con una sonoridad un poco más enriquecida gracias a los pasajes de música clásica cortesía del violín de Tim Charles, pero en especial por el acoplamiento entre la guitarra y el bajo ejecutados por Benjamin Baret y Martino Garattoni. De ahí que la agresividad musical sea más enfatizada.
Fieles a su costumbre de incluir dos composiciones ligadas, épicas incluso, toca el turno a Misericorde II – Anatomy of Quiescence, que conserva el vaivén de emociones de su predecesora y gracias a lo cual el oído se mantiene en esa rara sensación de percibir odio, dolor, desanimo y la consecuente calma cuando las fuerzas se han ido. Aquí, las palmas se las lleva el violín, debido al gran dramatismo que le imprimió a la canción.
Nada es casualidad, puesto que Misericorde I… fue escrita por Baret y Garattoni, mientras que en Misericorde II… la parte creativa cayó en responsabilidad de Tim Charles y lo que originalmente sería una canción de siete minutos, terminó por convertirse en un ensamble de casi 17 minutos que fungen como la parte central del álbum. Aún así, Equus les gana de calle tanto en la parte musical como en las letras.
Suspyre continúa con la exhibición de virtuosismo de estos australianos, un tema un poco mas monótono en comparación con las tres primeras canciones, aunque también sigue al pie de la letra el manual de Ne Obliviscaris de ofrecer algunas zonas opacas en cada opus que lanzan.
Ojo, eso no significa que sea pobre o deficiente, pero tras lo escuchado en los primeros 30 minutos –jajaja no es broma- Suspyre ya no suena tan imponente, aunque no faltan los ensambles entre guitarras eléctricas y acústicas, y ese slapeo del bajo que por momentos hace guiños a los alemanes Obscura.
La canción, no obstante, marca un punto de quiebra del disco, que si bien no pierde calidad musical, sí muestra una disminución cuanto a la proyección de sentimientos a través de la música, pues sirve como puente para dar paso a Graal, el tema que podría considerarse el más flojo del disco.
Aunque los elementos progresivos siguen presentes y la banda no cambia su estilo en lo más mínimo, por momentos da la impresión de que dejaron los sesos en la primera mitad del disco y este Graal, así como Anhedonia, el tema que cierra el disco, son solo formalismos para cerrar este cuarto ciclo en la carrera de Ne Obliviscaris.
Aún así, Exul responde a las expectativas creadas a su alrededor y bien podría ser uno de los mejores discos del año, aunque aún quede mucha cuerda por delante… si alguna pandemia o apocalipsis zombie no se atraviesa en nuestra rutinaria y mísera existencia.
Ne Obliviscaris – Exul
Season of Mist / 2023
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