Por: Israel Téllez Alcántara
Esto, solo por mencionar el caso más comercial –por decirlo de alguna manera-, pues hay una gran cantidad de casos. Algunos valen la pena la espera, otros no tanto y unos más son una auténtica broma frustrante cuando salen a la luz.
Afortunadamente no es el caso de Geisslerlieder, el segundo álbum de los ucranianos Rattenfänger, un trabajo escrito entre 2011 y 2018, el cual salió a la venta a finales de 2019, como si se tratara de un tétrico presagio de la pesadilla que estaba a punto de desatarse en todo el mundo debido a la pandemia por la Covid-19. Ironías del mundo triste y enfermo de nosotros los metaleros.
¿La razón? Bueno, no está tan a la vista y hay que comprender un poco la historia de esta banda que en realidad es el proyecto alterno de músicos que forman parte de agrupaciones como Blood of Kingu, Dark Ages, Hate Forest y que además es liderado por un hombre clave en la escena metalera ucraniana: Roman Sayenko, la mente maestra detrás de Drudkh y Windswept.
Nacido el 02 de marzo de 1976 en Járkov –la segunda ciudad de mayor importancia en Ucrania-, este multiinstrumentista podría considerarse como una especie de genio musical nacido en la época equivocada. En otras palabras, el buen Roman es un nostálgico del pasado y en cada oportunidad trata de honrarlo muy a su manera.
Su banda frontal, Drudkh es el ejemplo más claro, con nombre escrito en sánscrito y con letras que retoman el trabajo de poetas clásicos de la literatura ucraniana. Obviamente Rattenfänger no iba a ser la excepción y por ello, el estilo de la banda es completamente volcado a la escuela del death metal de los 90, pero con temáticas medievales implícitas desde el nombre de la agrupaciónn.
Rattenfänger significa literalmente “El Atrapador de Ratas” y está tomado del cuento Rattenfänger von Hameln, ¿les suena? Su primer trabajo lo publicaron en 2012 bajo el título de Epistolae Obscurorum Virorum, cantado completamente en latín y que recibió muy buenas críticas. Por ello, la expectativa por un segundo álbum era grande y tuvimos que esperar el regreso de una gran pandemia para que el flautista fúnebre reapareciera.
Así ocurrió el 6 de diciembre de 2019, tan solo cinco días después de que se registrara el primer contagio por Covid-19 en China, cuando apareció Geisslerlieder, un disco cuyo título se traduce como “Canciones Flagelantes” o “Canciones Disciplinantes”.
¿Qué tiene eso de macabro? Que así se les llamó a las melodías religiosas que cantaron muchos grupos de penitentes durante dos periodos de histeria colectiva en la Edad Media: la primera, durante la mitad del siglo XIII y la segunda, en 1349, cuando Europa fue arrasada por la muerte negra o peste bubónica. Escalofriante, cuando se analiza una vez que la Covid-19 ya se aminoró.
Con ese espeluznante concepto abre el álbum vía De laude Flagellorum, una intro ambiental que transporta a nuestra imaginación hasta aquellos días de oscurantismo durante los cuales los ascetas, mediante el auto-castigo corporal, imploraban el perdón divino que los golpeaba a través de una despiadada enfermedad.
Materia Prima se liga de manera muy sutil a la atmósfera medieval con notas con las guitarras distorsionadas y el blast beat que suena a tope y hace un guiño a la escena de Florida de principios de los 90. Si alguien pusiera esta canción y le dijera a un fan de Morbid Angel que es un track inédito de aquellos años, éste lo creería sin chistar. Se los juro por Dios que me mira.
El viaje al periodo más tenebroso de Europa continúa con Pestarzt, cuya intro brinda algunos segundos de descanso para que los flagelos auditivos vuelvan a escena con un riff muy brutal y pegadizo que recuerda al viejo Entombed. Aquí destaca por demás el trabajo del baterista Vladislav Petrov, cómplice de Roman Sayenko en Drudkh y que conoce a la perfección los senderos que le gusta explorar al multiinstrumentista, veredas oscuras llenas de misticismo maligno y podredumbre que hacen de esta canción una de las más redondas del disco.
Y así, casi sin que el escucha lo perciba, se alcanza el ecuador del álbum con Les Bons Hommes, una canción con grandes reminiscencias a Deicide y Obituary, que a pesar de ser death metal en estado puro, se da el lujo de incluir un tenue teclado con trabajos ambientales que le da un aura muy maligna.
Aquí es necesario apuntar que a diferencia del resto de los temas que integran al álbum, los riffs de esta melodía fueron escritos en 1993, por si todavía alguien dudaba de lo clavado que está Roman Sayenko en el pasado.
Sí, el tipo de verdad debe sufrir en nuestros días, pues todos los temas no intrumentales o ambientales de Geisslerlieder, al igual que los del Epistolae Obscurorum Virorum, están cantados en latín, algo un tanto complicado de percibir debido al gran trabajo que logró Sayenko en las voces, cuyos tonos guturales llegan a los niveles sombríos mostrados por en la primera etapa de los suecos Hypocrisy.
La intensidad baja un poco las revoluciones para la segunda parte del disco integrada por Sella Stercoraria, con una tendencia más hacia el death doom, pero sin dejar a un lado la pesadez y el ambiente fúnebre mostrado en los temas anteriores. De hecho, da la impresión de que en esta canción, al igual que en la siguiente, De Blasphemia in Latina Vulgaris, la intención de la banda fue incentivar la imaginación del escucha y adentrarlo aún más en los días de la peste negra.
Ambas canciones tienen un rasgo muy ambiental que a pesar de escucharse en un segundo o tercer plano, se ensambla de manera perfecta a las figuras brutales de las guitarras Roman Blagih y del propio Sayenko.
Funis Coronat Opus cierra con broche de oro este trabajo, en la misma tónica, aunque retoma algunos elementos mostrados en la primera parte del disco pero sin llegar la intensidad que empujó inicialmente al oído hasta un bizarro crossover del death metal de los 90 con la Edad media.
Apto para todos aquellos aficionados que viven la intensidad de lo retro. Orejitas suaves, favor de abstenerse o necesitarán anestesia ótica. Quien avisa no traiciona.
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