Por: Jakmer
La historia del punk, va más allá de un género, es actitud y estilo de vida. Desde los 70s, la música sucia, sus letras duras y la vestimenta agresiva, han sido influencia en “el orden” social, dando a conocer el desastre global, a través de la protesta y la crítica, tratando de despertar conciencia por diversas causas, siendo un movimiento totalmente transgresor.
The Chats, es un trío de malandros australianos, portan el estandarte del ruido ofensivo, marcando un himno antisocial, gracias a eso, han sido reversionados por artistas como YUNGBLUD y Wet Leg. Esté álbum también es el primero sin el guitarrista fundador Josh "Pricey" Price.
Cambiando la lengua regional, a toda la jerga australiana, canalizando así toda la irritación del trabajador, poseída y grosera. Parte del concepto que maneja este trío, son letras que hacen referencia a enfermedades venéreas o actos de masturbación frente a cámaras web.
Con canciones que desde su debut han marcado su carrera musical, corta pero contundente, EP's rápidos y llenos de furia. Una banda de adolescentes, que han mostrado un gran esfuerzo por hacerse respetar y destacar en la escena. Con esa actitud llega este nuevo álbum, con el título, fácilmente piden a gritos que no los inviten a los programas de entrevistas matutinos.
The Chats, suenan más agitados y absurdos que nunca. Al igual que el ya icónico combo de corte de tazón de irreverencia de Get Fucked, fiesta en la parte de atrás de tu casa. Es difícil no pensar que patinan en el punk callejero y por ratos en el terreno del hardcore, aún conservan la parte gritona del rock de los 70s.
Guitarra, bajo, batería y coros subliminales y pegajosos, es la entrada a 6L GTR, es el manifiesto de los que no saben de autos: una onda con riffs de sierra circular, con un modelo hot rod, despierta gran furia, desdé el comienzo.
El tipo de banda, que felizmente reventaría un estadio, lleno de fanáticos locos de Guns N' Roses, tomando por igual la pose severa de punk, sus canciones son reflejo de las molestias cotidianas con Boggo breakout, los inspectores de boletos del transporte público con Ticket Inspector, hasta los ataques de pánico.
Sus track son orgullosamente poco poéticos, con algo de frustración y agresión, aún así tienen un sonido alegre y festivo. La incorporación del guitarrista de rockabilly Josh Hardy, del combo de garaje Sunshine Coast the Unknowns, permite que entre un poco más de luz en el autodenominado punk de estos australianos, como una respuesta a la carga relámpago de Struck by Lightning con los coros de “doo-woo-doo-wop”, altamente pegajosos.
Un giro ligero, de la furia y velocidad del Punk al hardcore, en treinta y cuatro segundos: Southport Superman, corta dura y a la cabeza, es como se hace al estilo australiano.
Un pánico total e imprudente, es el brillo de este track, al estilo del hardcore californiano, pero hecho al otro lado del mundo: Panic Attack, levanta la mano y sacude el puño, para que el pánico salga y pases a bailar en el mosh.
Vamos por la esquina, en el bus o en el supermercado y te revisan si pagaste el boleto, pidiendo tu ticket de manera pedante, así es como entre la fuerza del bajo, la gloria de la batería y las líneas desgarradoras de la guitarra sale Ticket Inspector.
The Price of Smokes, es la canción que según nos informan, guardaron por una temporada. Para este material fue el momento perfecto para sacarla, en medio de la angustia inflacionaria, atravesando un ritmo de bajo constante, post-punky.
Se les dijo que este material estaba lleno de líneas de guitarra y bajo, que, con la furia de la batería, les reventarían la cabeza. Dead on Site, no es la excepción, claro ejemplo de que puede ser algo alucinante el correr de un género a otro.
No puedo dejar de no pensar en destrozar algo, con este material que te lleva en cada canción a ponerte de pie, levantar la cara y destruir con Paid Late.
Sonido característico de New York Dolls, punk de principios de los 80, influenciando a I've Been Drunk In Every Pub In Brisbane, irreverentes y divertidos, como ellos mismos, con algo más rítmico llegamos a una buena paliza, al tipo surfista. Emperor of the Beach, con un swing de blues, que marca el término medio entre la fiesta detrás de tu casa y el comienzo de correr a tus amigos borrachos.
Regresamos al punk enérgico y enfadado, Out On The Street, una y otra vez, ese ritmo y el afán de reventar todo a tu paso, con la actitud de levantar el dedo en señal de rebeldía, el valor de Get Fucked, va más allá de las representaciones cómicamente trastornadas, de escenarios mundanos.
Sonido más al estilo de surf punk, con una voz muy pegajosa del coro, repetitivo y que no te deja tranquilo Getting Better, donde al minuto diecinueve ¡Pum! Te lleva a brincar a otro sonido de Punk. A pesar de especializarse en el tipo de canciones que harán que los no-australianos, se apresuren a descifrar el sonido que los lleva a ser así.
El significado de Boggo, Beefy's y "hoonin' down the Bruce", The Chats finalmente aprovechan las ansiedades universales. “Smoko” no se trata simplemente de un gilipolla sentado en una caja de leche y fumando; se trata de una economía en la que los trabajadores funcionan tan mal, que ni siquiera pueden disfrutar de sus breves momentos de descanso, en ser jodido. Con las pistas de Hardy, extendidas en una marcha psicodélica, Sandwith repite la frase: "El precio de los cigarrillos está subiendo de nuevo / Apenas podía pagar el alquiler", suena seriamente desgarrado por la elección entre cigarrillos y refugio.
El reflejo, tanto de la evolución de The Chats, como la del mundo en general, es la banda sonora de una bomba, una sociedad cada vez más injusta, con la clase media baja, en la que corres el peligro de que te dejen sin nada.
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