-La mañana del lunes 15 de abril de 1957 México se conmovía con una trágica noticia: Pedro Infante, el ídolo nacional había muerto en un accidente aéreo ocurrido en Mérida, Yucatán. El país estaba en schock.
Tras un respetuoso funeral en el lugar donde falleció, el cuerpo del cantante y actor fue trasladado a la Ciudad de México para ser enterrado en el Panteón Jardín, en donde la gente se aglomeró para despedirlo. La carrera de una estrella llegaba a su fin, al mismo tiempo que iniciaba el andar de una nueva figura.
Sí, porque entre aquella multitud que se reunió para rendirle homenaje a Pedro Infante, se encontraba un joven llamado Gabriel Siria Levario, gran admirador del ídolo de Guamúchil y a quien le habían dicho que la tesitura de su voz era muy parecida a la que tuvo quien dio vida a Pepe “El Toro”.
Así que, como pudo, se abrió paso para llegar frente a la sepultura y pidió que los mariachis tocaran “Grito Prisionero”, tema que interpretó con gran sentimiento. Pocos lo sabían en ese momento, pero ahí nacía el andar de “El Señor de las Sombras”, el grandioso Javier Solís.
Oriundo del barrio bravo de Tacubaya, carnicero de profesión y boxeador por afición, Gabriel Siria Levario comenzó su andar artístico en las carpas e incluso en la Plaza Garibaldi. Primero, como Javier Luquín, pero debido a que el nombre no pegaba tuvo que cambiarlo por algo con más jiribilla.
Hay varia versiones, pero aquí nos quedamos con la que cuenta que el nombre de Javier Solís derivó de que los mariachis de Garibaldi le hacían burla y le decían “El Solista”, a manera de sarcasmo, por su personalidad un tanto solitaria e independiente. Y es que en ese entonces no lo conocía artísticamente ni su familia. De ahí viene lo de Solís. Lo de Javier, bueno, quizá viajó en el tiempo y escuchó a Los Toreros Muertos. Cosas que no vienen al caso.
El punto es que tras cantar Grito Prisionero y ya con el nombre de Javier Solís, su llegada al estrellato fue inminente. Lo avalan 24 discos de larga duración entre los cuales tenemos a Sombras, su vigésimo trabajo lanzado en 1965 a poco más de un año de su muerte; una de sus grabaciones más emotivas y aclamadas.
Compuesto por 12 canciones, Sombras podría considerarse como la obra emblemática de este cantante mexicano, un disco que expone a la perfección el bolero ranchero, un género cuyo impulsor fue Pedro Infante pero que cobró relevancia y popularidad gracias a Javier Solís, “La Voz Sin Mancha”.
Cada corte tiene una fuerza y personalidad impresionante, en parte por las letras cargadas de un tono de añoranza, pero con una temática oscura, con muchas referencias al sexo, la soledad, la melancolía, el suicidio, la noche, el desamor, la tristeza y hasta a las tinieblas.
En ese sentido Amanecí En tus Brazos y Cada Vez, los dos primeros temas del álbum, son quizá las dos únicas canciones que muestran la luz antes de que llegue la parte sombría de este trabajo.
En el caso del segundo tema, se trata de un cover a Ogni Volta, composición original de Carlo Rossi y que fue una de las contendientes en la edición 14 del Festival de San Remo, en donde fue interpretada por Roby Ferrante y Paul Anka.
A partir de entonces comienza ese lado “gótico” que llega de la mano de Cuando Calienta El Sol, original de los hermanos Rigual –sí, la misma canción que popularizó Luis Miguel en la década de los 80- cuyos arreglos transportan al escucha a un estado puro de melancolía. Joya.
La masacre sentimental continúa con Las Rejas No Matan, canción que se inclina más hacia la música ranchera y que remite a la atmósfera depresiva del cautiverio. Ésta, quizá, es una de las infaltables en las recopilaciones para brindar por ellas y su maldito querer.
Luego llega el segundo cover del álbum: He Sabido Que Te Amaba. Los productores volvieron al recurso del éxito de las baladas italianas de la época y en este caso versionaron a Ho Capito Che Ti Amo, escrita e interpretada por Luigi Tenco y lanzada en 1964. El desamor, aquí, también es el protagonista.
Moliendo Café continúa el concierto en honor a la tristeza, la melancolía, el desamor y la oscuridad. A ritmo de bolero ranchero, Javier Solís nos cuenta la historia del Zambo Manuel, un mulato campesino que espera la llegada de la noche para cantar y ahogar sus penas amorosas mientras trabaja, hasta quedar exhausto, en el molino de un cafetal. Si esto no es dark, entonces no sé qué hacemos aquí.
En seguida aparece ¡Qué Va!, un tema que funge como frontera musical del disco, para dividirlo en dos partes, y que parece romper con el halo de tristeza, pero en realidad es todo lo contrario.
Si bien la melodía es un poco más alegre, la letra habla de una persona muy enamorada –enculada, pues- a quien le advierten que quien ama no es lo que cree, que tenga cuidado y mejor se aleje, pues la pareja es bastante frívola y sin sentimientos. Pero como el amor es ciego y el humano imbécil, el protagonista de la canción se niega de manera insistente. Por favor, quien no haya pasado por esto, que tire la primera piedra.
Los últimos cinco temas del disco son definitivamente una oda a la tristeza y la oscuridad. Renunciación abre la tanda para echar lagrimita al más puro estilo ranchero, con el sacrificio propio con tal de no ver a esa personita especial sumida en llanto.
En la historia, el o la protagonista tiene problemas para demostrar su forma de amar, ante lo cual, el ser amado sufre porque claramente no entiende un carajo del por qué de sus actitudes y es miserable por estar a su lado. La solución: "Me voy, mi vida, de tu presencia, aunque me duela en el corazón”. Épico.
Retirada, del maestro de maestro José Alfredo Jiménez, continúa con el conmine a seguir diciendo ¡Salud! en la misma rítmica que su antecesora: un bolero mucho muy ranchero en el que se reconoce que una relación ya está en las últimas, con mucha distancia de por medio y lo mejor es ponerle punto final. Otra infaltable del soundtrack de Las Crónicas de la Caguama… o del tequila o de lo que sea que les guste tomar.
El último tercio de Sombras llega con Si Dios Me Quita La Vida, una canción bastante morbosa si se analiza con detenimiento. De entrada se puede pensar que se trata de una especie de oración en la que se le pide al creador la oportunidad de cuidar, desde allá arriba –en caso de ir al paraíso, claro está-, al ser amado.
Pero en realidad la letra habla de una persona obsesionada y sumamente celosa cuya desconfianza es tal, que le pide a Dios la oportunidad de convertirse en una especie de alma en pena para volver del Más Allá y alejar a costa de lo que sea a quien pretenda robarle al amor de su vida. Siniestra y mexicanamente exquisita.
Toca el turno de Sombras, uno de los clásicos más aclamados de Javier Solís y una de sus canciones más emotivas. Las trompetas de la intro bien podrían ser una especie de anuncio apocalíptico que anuncia al suicidio como último recurso para demostrar el gran amor que se siente por alguien a pesar de su indiferencia. Pasión gore y amor a costa de lo que sea.
Lo depresivo de la letra revela ese estado por el que todos hemos pasado, en donde no vemos más allá de esas sombras que no nos dejan ver que esa relación no era buena y que algo mucho mejor vendrá, soltería o nueva pareja, como se le quiera ver.
Los arreglos cargados de melancolía y ansiedad, coronan una de las letras más oscuras e intensas en la carrera de Javier Solís. Depresión, desamor y suicidio en bolero ranchero, mucho antes del movimiento darkie o del black metal.
El cierre llega de manera magistral con Tu Voz, el tercer cover de Sombras. Se trata de una versión a la mexicana de Plus Je T’entends, una canción francesa lanzada en 1963, escrita e interpretada por Alain Barrière.
El ritmo y la interpretación que Javier Solís le imprimió a esta versión, están cargados de un sentimiento y desesperación inauditos que transportan al oído hasta un mundo onírico en donde se trata de llenar el vacío dejado por alguien.
En esa realidad alterna, esa persona sigue presente en nuestra vida; sin embargo, al despertar, la ausencia hace estragos al corazón pues la realidad es mucho más cruda y sólo queda el recuerdo de una voz que, con los ecos, nos recuerda los buenos tiempos. Otra joya.
Sin duda, El Señor de las Sombras es una de las voces más emblemáticas de la música mexicana. Un adelantado a su época que marcó, con su particular sello, el rumbo del bolero ranchero.
Es más, lo impulsó, lo consolidó, lo lanzó al estrellato, lo hizo inmortal y, de paso, nos dio muchas razones para levantar el tarro, decir ¡Salud! y escribir su nombre como uno de los infaltables en el soundtrack de Las Crónicas de la Caguama. ¿Qué se toman?
P.D.
A la memoria de David Téllez Rendón. Me acuerdo cuando me platicaste de aquellas veces en las que Gabriel Siria llegó a entrenar algunas veces los “Gloria”, en Tepito, y tú eras su sparring; de cuando caminabas por el cine Sara García y alguien te gritó “¡Quihubole, pinche niño! ¿No me vas a saludar?”, volteaste y era Gabriel Siria, aunque en ese entonces ya lo conocían como Javier Solís. De las veces que escuchábamos este disco y nos quedábamos platicando hasta casi la medianoche. Te extraño, papá.
Javier Solís – Sombras
CBS / 1965
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