Por: Israel Téllez Alcántara
Seguramente el sueño de mucha gente que escucha rock y heavy metal –pongo estos dos géneros musicales por ser lo que a un servidor le concierne en este espacio- y que además tienen hijos, es que éstos hereden el mismo gusto musical; por ello, no es ni remotamente descabellado pensar en el gran esfuerzo y empeño que deben poner para fomentar esa educación musical.
Ni qué decir de la alegría que deben sentir cuando el pequeño rocker/metalhead hace la señal de los cuernos o sacude el cráneo para mostrar su gusto por la música que le ponen. Realización total. Pero ¿cómo sería si, además de todo lo antes mencionado, la criatura sale talentosa y con el carisma necesario para ser parte de una banda? Éxtasis nivel Dios.
Eso le pasó al multiinstrumentista estadounidense Charles Platteborze, mejor conocido como Charlie Sad-Eyes, un músico que ha participado en distintos proyectos en la escena grind, black, punk, doom, folk, etc., de Estados Unidos. Como todo buen adulto, un día se casó, tuvo una hija y dejó un poco a un lado su carrera musical, pues los cambios de pañales eran más urgentes que escribir un buen riff. Era 2011 y quizá ahí se le pusieron tristes los ojos o el apodo ya lo traía desde antes. No lo sabemos.
El punto es que al ser un padre debutante, Charlie se enfrentó a todos los retos que implica esa gran responsabilidad. Por dos años salió bien librado hasta que la niña, ya un poco más consciente en su interactuar con el mundo, lo puso muy tenso. El músico tenía que lidiar y controlar, a diario, la excesiva energía, arranques y pataletas que su hija le recetaba.
Desesperado y para no gastarse los dólares con un profesional, al músico se le ocurrió la idea de jugar con su criaturita al concierto de rock. Era 2013 y nacía un interesante dueto llamado Animal Schoolbus conformado, así es, por Charlie Sad-Eyes y la pequeña Princess Beast de tan solo dos años de edad.
El proyecto, que obviamente comenzó como una broma, se tornó serio cuando Charlie vio que su hija disfrutaba de hacer sesiones gruñendo al más puro estilo de las viejas bandas de grind que se movían en la escena inglesa de los años 90, caldo de cultivo para la inspiración de Animal Schoolbus.
Así que en 2014, tan solo unos meses después de que la terapia musical para control de la hiperactividad infantil comenzara, padre e hija entraron al estudio y grabaron su álbum debut: Going to Grammy’s House, material independiente del que solo se imprimieron 50 copias y que, no es broma, podría considerarse como “un clásico del metal extremo preescolar”. No lo digo yo, lo dice Lawnmowerjetpack Records, su actual sello discográfico.
El álbum incluía 14 canciones con títulos como Mommy’s Car Is Blue, Stuck in A Tree, Oreos My Favorite, My Dirty Feet, A New Backpack, My Dog Got Fat, entre otras. Todas meteóricas, con una duración de entre 20 segundos y un minuto y medio, en un sincero homenaje al grind británico.
A eso suena Animal Schoolbus: guitarras distorsionadas, beats machacantes y un bajo pesado. Disonancia pura y brutalidad en la vena del Reek of Putrefaction de Carcass o el Scum de Napalm Death. ¿Nada mal para los nostálgicos, eh?
La diferencia la hace la voz gutural de la niña que se presenta en la escena extrema cantando: “I’m a princess, Princess Beast, oreos my favorite”, o mejor aún, lanza un mensaje intimidante: “Roar, I’m a bear. Run, I’m a Bear, I eat Honey. I’m a bear, I eat everything”.
El proyecto causó tan buena impresión, que las 50 copias se vendieron de forma inmediata; no obstante, ya no hubo más álbumes, aunque Charlie Sad-Eyes continuó el trabajo de forma paciente. Espero a que la pequeña Princess Beast creciera y fuera más consciente y cuando la niña cumplió 9 años, decidió grabar 3 canciones nuevas e incluso participar en el Rise & Grind Fest de Canadá en 2019.
Todo esto desencadenó una reedición del álbum: Going to Grammy’s House 2021 que incluye las nuevas melodías grabadas, la presentación en el festival y las 14 canciones originales del disco.
Descrito como un material “para fans del viejo Carcass, del viejo Napalm Death y de la educación infantil temprana”, este álbum puede ser altamente criticado por puristas y amantes del virtuosismo. Quizá no es musicalmente impresionante ni las composiciones son sumamente elaboradas. Pero tiene otros elementos que lo hacen muy valioso.
El más evidente es que se trata de un parteaguas y quizá sea el disco pionero de algo que podría llamarse desde ya metal extremo infantil, aunque parezca broma. Y tan serio es el proyecto de Animal Schoolbus, como talentosa es la pequeña Princess Beast que la niña fue invitada para cantar en Chinese Dogmocracy, el nuevo disco de Slay Guggee, una banda británica enfocada en crear heavy metal y sus variantes para público infantil.
Por si este argumento no fuese suficiente, el máster de Going to Grammys House 2021 fue hecho por Ryan Williams, quien fue bajista de The Black Dahlia Murder de 2006 a 2012 y actualmente con Necromancing The Stone.
Animal Schoolbus es una prueba más de que la música, y en este caso la extrema, pueden ayudar a canalizar toda esa hiperactividad y estrés que se vive a cualquier edad. Going to Grammy’s House 2021 es un material imperdible. Y si no les parece, tengan el valor de reclamarle a Princess Beast. A ver qué les dice.
Animal Schoolbus – Going To Grammy’s House
Lawnmowerjetpack Records / 2021
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