No
necesariamente tengo que ser un romántico por preferir escuchar música en
formatos clásicos. Es que creo en la fidelidad. La relación músico-fan. Esa que
gracias a ciertos servicios de streaming, podría entrar en un peligro de
extinción.
Ahorita
les digo a qué servicio me refiero exactamente. Es que me da la impresión de
que en la nueva revolución musical hay ciertos personajes interesados en coronarse
en esta nueva industria, donde las disqueras trasnacionales no están tan
presentes, y que con el tiempo en verdad sí logren imperar en este nuevo orden.
Me
refiero a Jay-Z. Quien a través de Tidal, compañía que adquiriera no hace
muchos años, intenta controlar la industria con un servicio que a toda costa
beneficia más al artista que al público.
Y
si bien, en la semana de lanzamiento de este nuevo servicio de streaming se reportó
que estaba entre las apps más descargadas, dos semanas después cayó 700 lugares.
¡¡700!! Es decir, había mejores servicios que ese. ¿El problema? El costo de 20
dólares cuando otros valen 10.
El
precio implica que al contratar obtendrás alta fidelidad en audio y videos, con
calidad de CD o Blue-Ray.
Pero
ni siquiera el hecho de que artistas como Jack White, Madonna, Daft Punk, Kanye
West, Beyonce y el mismo Shawn Carter se presentaran como parte del elenco
sirvió para impulsar este servicio.
Desde
2015 a la fecha ha habido pérdidas económicas, despidieron personal, incluyendo
al CEO, y la mala racha ha continuado hasta hoy, cuando el “gran amigo” de
Jay-Z, Kanye West, podría demandar a la empresa por no haber recibido las
regalías pactadas mediante un contrato adquirido desde el lanzamiento.
Hasta
ahí los datos duros, aquí va lo actual: A pesar de la caída inminente de la
empresa, Jay-Z decidió lanzar su más reciente producción titulada simplemente
4:44, álbum de 10 temas que carecen de la efervescencia que tenía en discos anteriores,
de los coros creativos y, sobre todo, de grandes invitados. Parece que se quiso
ahorrar una lana.
Incluso
el álbum es muy tranquilo, no hay temas movidos o recordables. Es una
producción introspectiva que aparentemente se sustenta más en las letras que
revelan una infidelidad a su esposa Beyonce o que su mamá es lesbiana. Algo más
para darle de comer al escándalo que una intención de hacer un buen producto.
Pese
a todo lo anterior, 4:44 se vendió como pan caliente en Tidal. No se ha
anunciado si el disco saldrá en formato físico o si se venderá en otros servicios
de streaming, pero probablemente sea la siguiente jugada del empresario. Y no
lo digo despectivamente, pero si quiere vender los millones de discos a los que
estaba acostumbrado, tendrá que hacerlo.
Sobre
todo, porque el rapero no ha tomado en cuenta un detalle pequeño, mínimo,
ínfimo, pero fundamental en esta industria, sin la cual no podría darle
continuidad a su carrera de casi 20 años: el público.
¿O
qué? ¿No pensó en ellos al fijar un precio altísimo para acceder a la música de
Tidal? En Estados Unidos es un músico muy respetado, pero ni eso ha servido al
momento de consumir su música. Si bien el viernes pasado 4:44 hizo que la
plataforma fuera la más descargada en iPhone, no le salva del hecho de que no
se venderá así toda la vida. Pero las cosas se ponen peor cuando te das cuenta
que no está pensando en el público extranjero.
Porque
¿qué si en España, Japón, Rusia o México quieren adquirir el disco por Tidal?
La conversión de la respectiva moneda de esos países a dólar podría ser
determinante al momento de la compra y si en ese proceso los fans deciden no comprarlo,
no solo la plataforma o Jay-Z pierde. Pierde la nueva industria discográfica.
Porque
pone en tela de juicio la veracidad y capacidad de un músico para vender su
propia música, sin intermediarios como las disqueras trasnacionales. Ahí, ya no
entra Mixup, Tower Records o incluso Sanborns al quite, esta falla provocaría
que el artista pierda credibilidad porque no vende. Y si no vende, ni está inn,
ni es capaz de sostenerse por sí mismo, y peor: quien sabe si sus shows se
vendan igual de bien que hace unos años. El público podría darle la espalda si continúa esa idea.
Radiohead
o Nine Inch Nails son verdaderos ejemplos de ventas de discos digitales. El
disco puede estar a cualquier precio, lo que ha sostenido a esas bandas son sus
giras mundiales. Pero de Jay-Z, ¿qué tan mundiales son sus giras?
Lo
más preocupante del caso es que, como buen empresario, no dará marcha atrás en la
tarifa mensual, esa se queda. Ahí ya está emulando a Kanye West en su estúpida
y pendeja forma egocéntrica de actuar y pensar. Dios los hace…
Y,
retomando el sonido del disco, lo más triste del caso es que no es una de sus
mejores producciones; parece disco de U2: más pensado como pretexto para salir
de gira y tocar canciones de otros discos. ¿Así con qué ganas lo compras por
Tidal? Mejor pregunta en redes sociales quién lo tiene y que te lo manden por
WeTransfer. Está fácil.
O
esperen a que salga en CD y volvamos a la vieja costumbre de admirar el arte
del álbum, aunque no sea la mejor producción del artista. ¿Ven? Les dije que no
es por ser romántico que creo es mejor escuchar los discos en formatos clásicos.
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