Es la semana de los haters de U2.
Parece una convención,
pero no es anual: llega con el anuncio de la visita de la agrupación irlandesa
a México en cada ocasión que se presentan. Sucede en estos días. Esta
particular ola de odio tiene un contexto cultural que rebasa a la misma música
y se incrusta en el clasismo mexicano. Si, así es.
Todo parece
indicar que Bono, The Edge, Larry Mullen y Adam Clayton Jr. son los preferidos
en la clase mejor acaudalada de nuestro país. Y al grupo parece no molestarle.
Sin embargo,
desde sus inicios, el cuarteto ha enmarcado en sus canciones la lucha de
clases, las injusticias, la muerte de inocentes e incluso la unión entre seres
humanos en canciones como Pride (In The
Name Of Love), Bullet The Blue Sky, Sunday Bloody Sunday y One respectivamente.
Hace falta
escuchar a profundidad sus letras para que los haters dejen de pensar que One
es una canción para bodas. También deberían hacerlo algunos U2lovers.
Sin embargo,
algo cambió en el interior de U2 hace 20 años, cuando Pop, uno de sus peores discos a la fecha, salió a la venta. Este
disco tuvo una costosa producción, de aquellas que en esa época eran
envidiables y hoy día imposible de pagar.
El cambio
comenzó a gestarse desde giras anteriores; la producción del evento, que
llevarían a todos lados, cobró una importancia mucho mayor que la del álbum en
sí. Eso les permitiría ser una de las bandas más vistas en todo el mundo, con
un discurso que movería a las masas y, obviamente, un setlist envidiable. Puro
macanazo, vaya.
Ese cambio es
responsable de que los haters
salieran de todos lados, criticando, con muy buena razón, a uno de los grupos
más importantes de la música actual, y uno de los pocos con la misma alineación
desde que iniciaron.
Recordamos
el Popmart Tour en México gracias al hijo del expresidente Ernesto Zedillo,
quien tuvo un percance con miembros del staff justo en el momento en que el
grupo realizaba su presentación aquel 2 de diciembre en el Foro Sol. Aquí hay una explicación detallada. Años después, Bono y el exmandatario se saludaron como grandes amigos
Tiempo
después Bono conoció al actor Jaime Camil, hijo de un político militante del
PRI y perteneciente a una de las familias más acaudaladas del país. Se hicieron
amigos y en cada gira aprovechan para verse.
La realidad:
solo Bono quiere a Ernesto Zedillo y a Jaime Camil y vive su verdad.
A la par,
Bono asiste a los foros económicos mundiales como activista, exigiendo a
gobernantes enfrentar la hambruna, realizar acciones más contundentes contra el
SIDA y en general, por la desigualdad que impera en el mundo. ¿Cómo creerle a
un músico que contradice su activismo con sus acciones?
Sin embargo,
U2 sigue siendo uno de los espectáculos más vistos y cada gira, de acuerdo con
la revista Forbes, recauda millones de dólares en todo el mundo. Sus discos, prácticamente desde Pop,
ya no tienen la fuerza creativa de antaño, ni mucho menos tienen más de tres
éxitos en cada uno. Pero sus fans los aman y siguen consumiendo su música por
igual.
Es posible
que ya no regresen al sonido que tanto gustaba hace más de 20 años y por lo
mismo no tengan un segundo aire en su carrera, pero sus giras mantienen viva la
llama del grupo para seguir activos, así como al público a comprar sus boletos.
Y hablando
de eso, la venta de boletos es algo que también ha provocado molestia en las
clases media y baja: la gira del 30 aniversario de The Joshua Tree, vendió en preventa prácticamente todas las
entradas, y eran caras, sin dejar algo a la venta general.
Las dos fechas serán la oportunidad de muchos
para escuchar íntegro uno de sus discos más importantes, porque ¿qué
importa el activismo de Bono o que sus discos más recientes no estén tan buenos?
Eso me
recuerda que en 2006 y 2011 me acreditaron para verlos en el Estadio Azteca. Era la época en que escribía en un periódico y en ninguna de esas ocasiones logré entrar. La primera vez me dirigí con
anticipación al recinto, pero U2, como cualquier marcha de maestros, detiene la
ciudad: tardé en llegar y cuando finalmente estaba ahí, me dirigí a la puerta
de acceso: no era, me dijeron. Fui, como María y José de puerta en puerta y cuando
perdí la paciencia me hice de palabras con un miembro de seguridad, pero para
ese momento ya no había acceso. Quedé fuera.
En 2011 fui
decidido a entrar. Llevé mi auto, pero la fila para el acceso estaba detenida y
por un largo rato no avanzaba, así que decidí estacionarlo en alguna calle
aledaña al Coloso de Santa Úrsula. Por más vueltas que di no encontré un lugar
confiable. Algunas casas rentaban su garaje, pero quedaban muy lejos del
Estadio. El único lugar que encontré era cerca de un parque, muy oscuro y solo.
Había mucho espacio para dejar autos…que seguramente no estarían al regresar. Como no
encontré un lugar seguro, quedé fuera otra vez.
Me he
perdido de escuchar canciones entrañables como Where The Streets Have No Name, All I Want Is You, The Fly, Lemon o
New Year’s Day; mi disco favorito es Achtung Baby!
Tengo que
estar ahí esta vez. Espero encontrar lugar para mi auto y la puerta
correcta, pero aún si libro esas trampas, espero que fuera del Joshua Tree, toquen otras canciones que
no vengan en ese disco o no será una prueba superada.
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