Desde los 11
años soy un melómano con hambre de escuchar/conocer más y más música. Es como
una adicción, pero sana (desde mi perspectiva) porque no hace daño a nadie. Son
ganas de hacerme de un álbum, en cualquier formato, y ponerlo de principio a
fin.
Mis inicios
se remontan a Depeche Mode. Prácticamente son la primera banda que me interesó
escuchar completa. Cuando fui a un bazar a comprar un cassette grabado de ellos,
el tipo del local me dijo “solo lo tengo mezclado con The Cure”. No me importó
y lo adquirí. Eso fue suficiente para detonar mi gusto por la banda inglesa
liderada por Robert Smith, me gustó más cualquier otra en ese entonces y
rápidamente conseguí toda su discografía, que no era breve, y por meses
alimenté mis oídos con las melodías de esa banda.
Con el
tiempo y por referencias de amigos y compañeros de escuela, comencé a escuchar
otras cosas, hard rock, rock en español, heavy metal, grunge, euro dance, hip
hop, pop anglo. Por géneros no paraba y mi única prioridad era conseguir toda
la música que me iba gustando. No me tocó la era de las tiendas de discos de
vinilos, pero me la pasaba buena parte del tiempo en las de CD’s buscando
siempre algo nuevo.
Así, me hice
de una amplia colección de cassettes, entre originales y grabados porque nunca
tuve la solvencia para comprarlos todos en tiendas de discos. Pero desde ese
entonces me he empecinado en busca música en todos lados, y si era de mi
agrado, coleccionarla. Adoro abrir un álbum, ver su libro, leer sus letras, los
créditos, admirar el arte del disco en la portada, contraportada e interiores.
Todo mientras corren los tracks.
Luego llegaron
MTV Latino, Órbita 105.7 y Radioactivo 98.5 y de nueva cuenta eran espacios donde
conocía nueva música. Nunca me gustó irme por lo obvio, de pronto sentía que
todas esas vías ofrecían música convencional, o por lo menos así me parecía. Y
si bien también la escuchaba, en otras ocasiones prefería buscar por otro lado.
Fue cuando conocí el Tianguis del Chopo. Tan pronto fui allá por primera vez,
se convirtió en otra vía para adquirir nuevos artistas. Ahí logré acrecentar mi
colección con varios acetatos, (bueno, muy pocos debo decir... bueno, casi nada... BUENO, DOS), y el CD que en
los 90 ganaba terreno.
Por cerca de
10 años me mantuve así, pero con la llegada de la era digital las cosas cambiaron
radicalmente. Para mí fue la oportunidad de conseguir todo lo que no tenía por
falta de dinero. No puedo comprar tantos discos o sencillos diariamente,
también tengo que comer y hacer otras cosas como vivir. Pero la era digital me
permitió conseguir todos aquellos discos que quería y no podía tener porque
solo los encontraba importados y desde la crisis económica del 94, los precios
se dispararon hasta el cielo.
Y así mi
colección creció. Para entonces tenía una amplia colección de cassettes, discos
compactos y en formato digital. Los acetatos los tuve que vender por una
urgencia. Era el Too Fast For Love de
Mötley Crüe y una edición especial con portada variante del Far Beyond Driven de Pantera.
La colección
ha crecido, pero no solo porque los artistas que me gustan desde entonces han
lanzado discos cada cierto tiempo. Esa hambre de conocer ritmos nuevos,
artistas de distintos géneros, sigue latente. Es como el ángel y el diablo
sentados en mis hombros, aconsejándome lo que debo escuchar.
Y ahora uso
todas las formas posibles para conocer música, pero siempre con una constante:
que pueda guardarla en mi colección personal. Por eso no me funcionan Spotify,
Deezer u otras parecidas, pero entiendo que también son hervideros de música
nueva.
Todo esto es
porque sigo escuchando música todo el tiempo y me sigo sintiendo fascinado por
esa dichosa capacidad que tienen algunos para entregar maravillosas y
verdaderas joyas sonoras, pese a la subjetividad que ese arte implique.
Por ejemplo,
el fin de semana conocí dos nuevas canciones, aunque a sus artistas ya los
conozco, uno más que el otro.
Comienzo con
el que no ubico tanto. Lo escuché en un taxi una tarde reciente y con mucha
lluvia; ignoro qué estación escuchaba el chofer, pero me llamó la atención la
mezcla entre batería pop anglo, piano melancólico y que la voz no cantaba, solo
hablaba. Se trata de Shawn Mullins y el tema en cuestión es Lullaby y viene en el álbum Soul’s Core. Lo chistoso es que data de
1998 pero nunca la había escuchado. Me pareció un pop fresco, con muy buena
rítimica y un coro sencillo, del que después recuerdas a cada rato y no sale de
tu cabeza.
La segunda
canción es de un grupo que sí conozco, pero el tema no. Viendo la película Assasin’s Creed, casi al principio hay
una escena con tomas panorámicas del desierto y un joven en motocicleta. Ahí
inició Entrance Song de The Black Angels.
¡Uufff! Me fascinó el riff inicial y me prendí inmediatamente. El correr de la
canción va con sabor a garaje rock, pero con tintes oscuros y la voz fría le
dieron un valor agregado único a la escena. Ya sé, ya sé, la película es un
churro, pero tienen que verla con la música de fondo, ahí cambia todo.
El común
denominador de las dos canciones es que las escuché en un contexto que le da un
sentido especial a cada una. Y esto es el verdadero valor de la música hoy día,
cuando ya no se editan tantos discos en formato físico. Cuando no tienes todo
el dinero del mundo para construir un cuarto especial con repisas para adornarlas
con tu colección de cassettes, CD’s, vinilos y discos duros y/o USB’s, con
equipo de sonido más actual posible, bocinas tipo home theater colgadas a lo
largo del lugar, un sillón confortable y un buró para poner tus bebidas
favoritas, mismas que puedes sacar del frigobar que también forma parte de la
ecuación.
No tengo los
medios para hacerme de un lugar así, que es el que siempre he soñado. Pero me
basta con cargar la música a mi smartphone, ponerme los audífonos y salir a
enfrentar el día a día con la música que más me gusta o la que conseguí para
escuchar por primera vez.
Porque todas
y cada una de las 27763 canciones que tengo hasta hoy, 29 de junio de 2017, les
he tomado su atención e importancia para entenderlas, conocerlas y guardarlas
en mi colección.
¿Y el hambre
por escuchar música? Hoy día es más fuerte y seguro cuando termine de escribir
y publicar esto estaré buscando algo nuevo.
Obviamente,
si tienen alguna sugerencia musical pueden dejarla en los comentarios.
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